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El taxi en el cine

Por qué el cine adora el taxi: el asiento trasero como confesionario, el «¡siga a ese coche!», el taxi amarillo de Nueva York y los taxis imposibles.

Publicado el 25 de mayo de 2018 Actualizado el 1 de noviembre de 2026 6 min de lectura

El taxi en el cine

El taxi en el cine es mucho más que un medio para llevar a los personajes de una escena a otra. Es un espacio cerrado donde dos desconocidos tienen que convivir un rato, una ventana en movimiento a la ciudad y un recurso de guion que permite que cualquiera se cruce con cualquiera. Por eso aparece en dramas como Taxi Driver, en thrillers como Collateral, en comedias como Noche en la Tierra y hasta en la animación y la ciencia ficción.

En este artículo no hacemos una lista de títulos (esa la tienes en nuestras cinco películas de taxis imprescindibles), sino un repaso a cómo y por qué el cine usa el taxi, y a las escenas que se repiten una y otra vez.

Por qué el cine adora el taxi

Para un guionista, el taxi resuelve varios problemas a la vez:

  • Junta a desconocidos. Cualquiera puede subir a un taxi, así que es la excusa perfecta para un encuentro improbable: un asesino y un conductor honrado, una estrella y un chófer cualquiera.
  • Obliga a hablar. Durante el trayecto nadie puede irse. Es un lugar ideal para diálogos largos, confesiones o silencios incómodos.
  • Enseña la ciudad. A través de las ventanillas pasan calles, luces y barrios. El taxi permite filmar una ciudad sin detener la historia.
  • Crea intimidad y distancia a la vez. El pasajero va detrás y el conductor le mira por el retrovisor: cerca, pero separados.

Escenas que el cine repite una y otra vez

«¡Siga a ese coche!»

Es probablemente la frase más asociada al taxi en la pantalla. El protagonista se lanza dentro de un taxi y pide al conductor que persiga a otro vehículo. Funciona como arranque de persecución en el cine policiaco y como gag en la comedia. En la vida real, ningún taxista se salta un semáforo por ello.

El asiento trasero como confesionario

El pasajero que cuenta su vida a un desconocido al que no volverá a ver es un clásico. Noche en la Tierra (Jim Jarmusch, 1991) lleva la idea al extremo con cinco conversaciones en cinco ciudades, y cualquier taxista confirmará que en la vida real también pasa: hay pasajeros que en un trayecto corto cuentan más que en años de amistad.

El taxi como trampa

Cuando el pasajero o el conductor es una amenaza, el coche se convierte en una jaula. Collateral (Michael Mann, 2004) construye toda su tensión así: el taxista no puede bajarse porque tiene a un asesino sentado detrás.

La despedida bajo la lluvia

Un taxi que espera mientras dos personas deciden si se separan o no. El ejemplo más célebre es el final de Desayuno con diamantes (Blake Edwards, 1961), con Audrey Hepburn bajando del taxi en plena lluvia.

El taxi amarillo, estrella de Nueva York

Si el cine tiene un taxi oficial, es el amarillo neoyorquino. Basta un plano de una calle llena de taxis amarillos para que el espectador sepa dónde está. Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976) lo convirtió en símbolo de una ciudad nocturna y peligrosa, y el cine de acción lo ha usado sin piedad: en Jungla de cristal: la venganza (John McTiernan, 1995), Bruce Willis cruza Central Park al volante de uno. Esa fuerza visual explica por qué es uno de los taxis más reconocibles del mundo.

Taxis imposibles: animación y ciencia ficción

Cuando la realidad se queda corta, el cine inventa sus propios taxis:

  • El taxi volador de El quinto elemento (Luc Besson, 1997), con Bruce Willis sorteando el tráfico aéreo de una Nueva York del futuro.
  • Benny, el taxi parlante de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (Robert Zemeckis, 1988), un taxi de dibujos animados con personalidad propia en una película que mezcla imagen real y animación.

Que un taxi pueda volar o hablar dice mucho de lo integrado que está en la imaginación colectiva: todo el mundo sabe cómo funciona, así que el cine puede jugar con él.

Madrid y el taxi en el cine español

El taxi madrileño, blanco con la franja roja en la puerta (te explicamos su historia en el color de los taxis de Madrid), también tiene sus momentos de gloria. El más recordado es el taxi estrafalario de Mujeres al borde de un ataque de nervios (Pedro Almodóvar, 1988), y Carlos Saura tituló directamente Taxi (1996) a un drama ambientado en la noche de Madrid. Si te interesan más los conductores que los coches, en las mejores películas de taxistas repasamos esos y otros personajes.

Fuera de la pantalla, el taxi de Madrid es bastante menos novelesco y bastante más práctico. Si vas al aeropuerto desde el centro, el trayecto con origen dentro de la M-30 tiene un precio cerrado de 33 €, como indica la ficha de la tarifa Interior M-30. Y si llegas a Barajas, la recogida en el aeropuerto se coordina con tu número de vuelo; si lo prefieres, también puedes pedir el taxi por WhatsApp.

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