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La historia del taxi en Madrid: desde sus orígenes hasta hoy

De las mulas de alquiler, los simones y las manuelas a los autotaxis, el radio taxi y la tarifa cerrada: la historia completa del taxi madrileño, etapa por etapa.

Publicado el 13 de diciembre de 2023 Actualizado el 1 de noviembre de 2026 10 min de lectura

La historia del taxi en Madrid: desde sus orígenes hasta hoy

La historia del taxi en Madrid empieza mucho antes que el automóvil. Cuando la corte se instaló en la villa, en 1561, ya había quien alquilaba mulas y sillas de mano para moverse por sus calles; después llegaron los coches de caballos de alquiler, que la ciudad bautizó como simones y manuelas, y que el Ayuntamiento fue sometiendo a normas de paradas y precios. A principios del siglo XX aparecieron los primeros autotaxis con taxímetro y, a lo largo de ese siglo, el taxi se convirtió en un servicio público con licencia municipal, imagen propia y emisoras de radio. Hoy suma pago con tarjeta, reserva por teléfono, web o mensajería y una flota cada vez más electrificada.

EtapaCómo se viajabaLo que cambió
Madrid de los Austrias (siglos XVI-XVII)Mulas de alquiler, sillas de mano y literasNace la idea de pagar por un desplazamiento puntual
Siglos XVIII y XIXCoches de caballos de alquiler: simones, manuelas, coches de puntoParadas fijas, coches identificados y precios fijados por la autoridad
Primeras décadas del siglo XXAutotaxis con taxímetro junto a los últimos coches de caballosEl precio lo marca un aparato y no se negocia
Resto del siglo XXTaxi a motor como servicio público urbano y metropolitanoLicencias municipales, imagen común, asociaciones y radio taxi
Siglo XXITaxi con datáfono, aplicaciones y vehículos híbridos o eléctricosReserva previa, tarifas cerradas a destinos como el aeropuerto y menos emisiones
Grandes etapas del taxi en Madrid

Antes del motor: mulas, sillas de mano, simones y manuelas

Con la capitalidad llegaron a Madrid nobles, funcionarios, embajadores y comerciantes que necesitaban moverse por calles estrechas, empinadas y a menudo embarradas. Mantener un carruaje propio era caro, así que surgió el transporte por encargo.

Mulas de alquiler y sillas de mano

La mula se alquilaba por trayecto o por jornada, a menudo con un mozo que la acompañaba y la devolvía. Para distancias cortas, y para quien quería llegar sin mancharse, estaba la silla de mano, una cabina con asiento que dos porteadores llevaban a hombros; las literas, más grandes, podían ir sostenidas por personas o por animales. Eran servicios para pocos, pero ya contenían la idea del taxi: pagar a otro por un trayecto concreto.

El simón y la manuela

Cuando las calles principales se adaptaron mejor a las ruedas, se impuso el coche de caballos de alquiler, y Madrid le dio dos nombres propios que acabaron siendo comunes. Simón fue durante mucho tiempo la palabra madrileña para el coche de alquiler con cochero, que se contrataba por carrera o por horas; la explicación más extendida, recogida en el diccionario académico, es que procede del nombre de un alquilador de coches de Madrid. La manuela era un coche abierto y ligero de un solo caballo, asociado a los paseos con buen tiempo, las salidas de domingo y las verbenas; con frío o lluvia se prefería un coche cerrado.

Los coches de punto y las primeras normas municipales

Los coches que esperaban viajeros en un lugar fijo de la calle se llamaron coches de punto, porque estaban «de punto» en una parada. Planteaban problemas muy parecidos a los del taxi actual: dónde pueden parar, cuántos caben, a quién se reclama si el cochero cobra de más. La respuesta fue la reglamentación municipal, que a lo largo del siglo XIX se resume en cuatro ideas:

  • Paradas señaladas en plazas y calles concurridas, para no entorpecer el paso.
  • Identificación de cada coche, para poder reclamar.
  • Precios fijados por la autoridad, por carrera o por horas, en lugar de pactarse cada vez.
  • Condiciones mínimas del carruaje, del caballo y de la conducta del cochero.

Es el germen de la licencia y de las tarifas oficiales. Alquilar un coche funcionaba casi como hoy: se buscaba la parada más próxima o se hacía una seña a uno libre y se pagaba según la tarifa vigente. La palabra que acabaría dando nombre al servicio llegó después y de fuera: te contamos de dónde viene la palabra taxi.

Los primeros taxis a motor: autotaxis y taxímetro

Los primeros taxis a motor de Madrid fueron los autotaxis, automóviles de alquiler con chófer y taxímetro que empezaron a circular a principios del siglo XX; la fecha que suele citarse para su puesta en marcha es 1909. Llegaron a una ciudad en plena transformación: en 1910 empezaron las obras de la Gran Vía y en 1919 se inauguró la primera línea de metro. Madrid crecía hacia los ensanches y un coche de alquiler rápido encajaba en ese nuevo ritmo.

La gran novedad no era solo el motor, sino el contador. El taxímetro era un aparato mecánico, conectado a las ruedas, que sumaba distancia y tiempo de espera para mostrar el importe. Los primeros modelos llevaban una pequeña bandera metálica que el conductor bajaba al iniciar el servicio: de ahí la expresión «bajada de bandera» que todavía usamos para el importe inicial. El aparato y su evolución los explicamos en la historia del taxi y del taxímetro. Con el uso, «autotaxi» se acortó a «taxi».

Simón o coche de puntoAutotaxi
TracciónCaballoMotor de gasolina
ConductorCocheroChófer
Cálculo del precioTarifa por carrera u horaTaxímetro según distancia y espera
AlcanceLimitado por el animalMayor, útil para barrios alejados
MantenimientoCuadra, pienso y herradorCombustible, taller y piezas
Coche de caballos de alquiler frente a autotaxi

Años de convivencia con los coches de caballos

La sustitución no fue inmediata. Durante las primeras décadas del siglo, en las paradas podían verse simones junto a automóviles: unos viajeros seguían con el caballo por costumbre o por precio y otros preferían la rapidez del motor. El chófer sustituyó poco a poco al cochero y las normas pensadas para carruajes se ampliaron a los vehículos de motor.

Al principio era un servicio para ocasiones concretas y bolsillos holgados: ir a la estación de ferrocarril con equipaje, salir de noche al teatro o llegar a tiempo a una cita urgente.

El siglo XX: de la posguerra al radio taxi

Escasez primero, crecimiento después

La Guerra Civil y la posguerra fueron años muy duros: faltaban coches, combustible y recambios, y muchos vehículos siguieron en servicio más allá de su vida útil. Con la industria automovilística nacional y el crecimiento económico posterior, los coches fabricados en España se hicieron más accesibles y la ciudad se extendió hacia la periferia. El taxi pasó de lujo ocasional a transporte cotidiano.

Una imagen propia para reconocer el taxi

Durante buena parte del siglo, los taxis madrileños fueron negros con una franja roja, la estampa que aparece en fotografías y películas de la época. Más tarde se adoptó la imagen actual: carrocería blanca con una banda roja diagonal en las puertas delanteras y el escudo de la ciudad. Lo contamos con detalle en el color de los taxis en Madrid. A la pintura se sumaron el módulo luminoso del techo, la luz verde de «libre», el número de licencia visible y las tarifas a la vista del pasajero.

Licencias, asociaciones y emisoras

En esas décadas se consolidaron las piezas que hoy damos por supuestas:

  • La licencia municipal, que limita el número de taxis y vincula cada uno a un titular y a un vehículo.
  • El permiso de conductor, que acredita que quien va al volante conoce la ciudad y la normativa.
  • Las asociaciones y federaciones de taxistas, que representan al sector ante la administración.
  • Las emisoras de radio taxi: el cliente llamaba, la centralita localizaba por radio el coche libre más próximo y el taxi iba a buscarle. Fue la primera gran revolución en la forma de pedir un taxi desde la llegada del motor.

Del centro de la ciudad al aeropuerto

Madrid dejó de terminar en sus rondas. Los municipios del entorno crecieron, Barajas ganó tráfico y el taxi tuvo que cubrir trayectos cada vez más largos. Para ordenarlo se definió un área de prestación conjunta en la que los taxis de Madrid y de varios municipios cercanos pueden dar servicio, aeropuerto incluido; sus límites los fija la normativa vigente. También cambiaron los pasajeros: familias con mucho equipaje, grupos y viajeros de negocios, que hoy pueden viajar juntos en taxis de hasta 7 plazas.

El taxi madrileño en el siglo XXI

Con el nuevo siglo se generalizaron el GPS y los datáfonos, las aplicaciones permitieron pedir y pagar desde el móvil y aparecieron nuevos competidores en el transporte con conductor. La preocupación por la calidad del aire empujó al sector hacia vehículos híbridos, de gas y eléctricos.

Para los viajes al aeropuerto, la gran novedad fue saber el precio de antemano. Con nuestro servicio, el trayecto entre el interior de la M-30 y cualquier terminal de Barajas cuesta 33 €, con tarifa cerrada que no depende del tráfico; el resto de zonas aparecen en nuestra tabla de tarifas por zona. Qué ha cambiado en estos años y hacia dónde va el sector lo analizamos en pasado y futuro del taxi en la capital.

Qué ha cambiado y qué sigue igual

Entre un simón y un taxi actual cambian la velocidad, la comodidad y el pago, pero hay constantes:

  • Servicio regulado por el Ayuntamiento, desde los coches de punto.
  • Precio controlado: primero tarifas por carrera u hora, después el taxímetro y ahora también precios cerrados.
  • Paradas y carreras como forma de organizar el servicio.
  • Conocimiento de la ciudad: del cochero al taxista, el valor del oficio ha sido saber llegar.

Los motivos para coger un taxi tampoco han cambiado tanto: aquella estación con baúles es hoy el aeropuerto con maletas. Si viajas pronto, puedes dejar reservado tu taxi al aeropuerto y, si llegas en avión, pedir que te esperen con la recogida en la terminal.

Un clásico de Madrid, con precio cerrado

Taxis oficiales con licencia del Ayuntamiento de Madrid, 24 horas, a las cuatro terminales de Barajas. Desde el interior de la M-30, 33 €.

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